Adicción a una relación

A raíz de la publicación del Post “Codependencia (la historia de Marcela) he recibido muchos mensajes de personas, que han querido compartir sus testimonios.

Espero que les guste este pequeño collage de testimonios, (algunos escalofriantes), sobre “adicción a las relaciones” o “codependencia”.

Esta problemática se manifiesta de formas muy diversas. Estas historias son solo un abrebocas, pero espero que sean suficientemente ilustrativas.

Ramiro Calderón

calderon.ramiro@gmail.com

 

Andrea nos cuenta su historia:

Amo a mi novio más que a mi vida misma. Me trata como la mujer mas bella del mundo, es un amor… ¡lo amoooo!… pero me a sido infiel varias veces.

No puedo soportar eso; me duele en el alma;  no puedo perdonarlo; sudo frio; lloro del rabia; siento que me hierve la sangre y que me voy a morir; ¡siento un vacío inmenso en el pecho!

Cada vez que recuerdo su infidelidad me provoca matarlo y salir corriendo, pero no puedo dejarlo.

Quiero dejar de ser codependiente y terminarlo sin que me importe más.

No quiero terminar en un manicomio. Siento que esta experiencia emocional ha sido tan fuerte, que está afectando mi capacidad de juicio. Tanta rabia y tanta tristeza van a acabar conmigo. Si no termino haciendo una barbaridad y metida en la cárcel o en un manicomio, voy a terminar en una clínica con un cáncer o un infarto.

No sé por qué lo hace. Lo peor es que trato de buscar explicaciones y entenderlo. Cada vez que cae en lo mismo, me ruega y dice que no volverá a hacerlo nunca más… ¡y yo le creo!

Quiero ponerle fin a esta relación tormentosa que está acabando conmigo emocionalmente, pero lo único que logro es llorar, encerrarme, no salir de mi cuarto, no saber nada de la vida… y hundirme en mi propia miseria.

Por su parte, Arturo nos dice:

Yo no sabía que había un problema en mí.

Ella me coqueteó y yo le puse atención.

Yo estaba solo y bien; ella recién divorciada. Terminé hundiéndome hasta el cuello en esa relación. Nos fuimos a vivir juntos, yo adopté a los chiquitines, y el propósito de mi vida se volvió sacar adelante esa familia ¡De verdad amaba a mi familia con todo mi corazón!

A pesar del maltrato y la neurosis de ella; a pesar de su alcoholismo y de que se transformaba en un monstruo cuando bebía; a pesar de sus múltiples ofensas, yo seguía ahí pegado con mi firme compromiso de sacarla adelante.

Hasta que un día se fue otra vez con el padre de los niños. Me dijo que no había dejado de quererlo nunca y que él era el verdadero padre de sus hijos.

¡Casi me enloquezco! En un instante perdí a toda mi familia; mi única razón para vivir. Odié a esa mujer con toda mi alma.

Extraño mucho a los niños pero sé que ella los adora y ellos están felices de ver a sus padres juntos.

Me he dado cuenta de que soy codependiente. Necesito estar al lado de alguien necesitado para sentir que valgo. ¡Voy a buscar ayuda!

Margarita también ha querido compartir con nosotros algo de su vida:

Tuvimos un noviazgo de tres años. Él era un derrochador, pero pensé que se corregiría cuando tuviera compromisos y obligaciones…

En dos años de casados, me engañó todo el tiempo con asuntos de dinero.

No me dijo que tenía deudas cuando nos casamos. Si me hubiera dicho, todo estaría cancelado. Cuando llegaba un dinero extra, proponía salir de compras y yo aceptaba pensando que nuestra situación financiera estaba en orden. Hasta creí que teníamos unos ahorros… ¡que desaparecieron!

Él comenzó a darme señales y cuando fui a revisar la cuenta, pude ver que no quedaba un centavo. Y otra vez me salió con lo mismo: “Debo un poco de dinero”.

La primera vez vendió su carro para pagar, pero todavía quedó debiendo y yo no sabía. La segunda me prestaron mis padres. Ya les pagué. La última vez le iba a ayudar nuevamente, pero me dijo que ya no me quería.

Ahora me pide disculpas y me dice que fue un momento de “ira e intenso dolor”… pero analizando bien la situación y la forma como venía la relación, me doy cuenta de que era cierto. Seguramente necesita más dinero y por eso quiere que volvamos.

Gracias a Dios me dijo que no me quería. Si no hubiera sido por eso, lo habría ayudado otra vez y otras mil veces.

Pero gracias a tu artículo me di cuenta de que no tenía una pareja. ¡Yo había adoptado a un hijo! He identificado ese patrón con todas mis parejas. Yo misma los invalido. Necesito que me necesiten ¿Por qué busco muchachitos así?

Yo pensaba que solo él era el del problema… con su pereza, sus comentarios insulsos, su intolerancia, sus discusiones sin argumentos sólidos, su incapacidad para verse a sí mismo y aceptar sus errores. Pero ahora me he dado cuenta de mi parte en el problema ¡Eso me ha dado más duro que el mismo divorcio! Aceptar que necesito ayuda y que si no la busco, voy a terminar repitiendo esto durante toda mi vida.

También me parece importante mostrar el compartir de Pedro:

Creo que estoy en una relación destructiva. Yo sé que ella no me quiere y sigo ahí porque siento literalmente que se me va la vida, el autoestima, el sentido de la propia valía y el propósito de todo lo que hago.

La llamo, le ruego, me arrodillo, lloro y finalmente logro (eso creo) que ella deje al otro hombre y vuelva conmigo por lástima. Eso ha sucedido muchas veces. Una de las veces volvió embarazada. No sé por qué sigo con alguien que cada vez que quiere va y se acuesta con otros hombres y hasta convive con ellos. Y luego vuelve conmigo haciéndome sentir que lo hace por lástima, porque no valgo nada.

Necesito un grupo o centro que me ayude porque esta situación me está destruyendo.

Mildred nos envía una historia escalofriante:

Yo me considero una mujer exitosa, hago lo que me gusta, tengo un trabajo donde me encuentro muy bien y me siento bonita. Sin embargo, estoy metida hasta el cuello en una relación de codependencia con mi ex.

Terminamos hace unos años porque él era adicto a las drogas, pero nunca lo pude olvidar. Ahora está en la indigencia y yo he perdido todos los límites; le soporto todo, absolutamente todo. Me encuentro dispuesta a todo con tal de estar cerca de él y eso me está acabando. Le he aceptado propuestas indecentes, ha traído a mi casa amigos espantosos, se desaparecen mis cosas, y hasta me ha gritado, insultado y golpeado delante de otras personas.

Esto ha tenido consecuencias serias para mí, en muchos sentidos, incluyendo la salud.

Necesito ayuda, pero me da miedo, pues creo que lo primero que me van a decir es que termine con la relación… y sin él a mi lado yo definitivamente no tengo nada que hacer… no soy nada.

Y para terminar con broche de oro, un testimonio laboral como el de Alberto:

Mi jefe es una abusadora, maltratadora, destructora de autoestimas. Todos los días me grita. Me dice cosas como: “¡Sirva para algo!”, “¡haga valer lo que se le paga por su trabajo!”, “inútil”, “imbécil” y cuando me hago el que no me doy por aludido, me dice: “¡Oiga cretino! ¡es con usted!”.

Lo peor de todo es que soy el empleado más solícito. El único que se queda horas extras; el que viene los sábados y domingos cuando hay entregas de informes.

Todo lo que hago es buscando su aprobación y aceptación. Una aceptación que nunca llega y nunca llegará. Y yo cada vez me sumerjo más en ese círculo autodestructivo.

El año pasado mi esposa me dejó convencida de que yo tenía un affair con mi jefe porque me la pasaba todo el tiempo, de día, de noche, fines de semana y festivos, en la oficina.

Me quedé solo y lo tenaz es que todavía no he conseguido la más mínima aprobación o consideración por parte de mi jefe.

Pero al menos, me he dado cuenta de que tengo un problema y voy a comenzar a hacer algo al respecto…

He conocido a muchas personas en situaciones parecidas. Curiosamente son muy buenas para dar consejos a otros, pero no aplican los consejos en sus propias vidas.

Antes de que digas “qué horror” al ver los casos aquí expuestos, te invitaría a que buscaras identificarte más que juzgar.

La buena noticia si te llegas a sentir identificado con alguna parte de alguna de las historias, es que hay una solución para ti.

Los grupos de Codependientes Anónimos han llevado de manera casi gratuita a muchas personas a mejorar sus relaciones con los demás, comenzando por un trabajo muy fuerte con ellos mismos. A medida que van teniendo una mayor fortaleza interior, va siendo para ellos más fácil poner límites con un pleno convencimiento, cambiando y manejando sanamente situaciones que los habían agobiado durante toda la vida.

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