Varias formas de “tocar fondo” con la adicción al juego – Por Ramiro Calderón

He recibido solicitudes para que hable sobre adicción al juego o ludopatía. En este caso también he decidido exponer brevemente varios casos que conozco muy bien. Algunos llevan un buen tiempo de recuperación y otros están apenas comenzando… pero todos nos abren su corazón esperando que sus testimonios de experiencia, fortaleza y esperanza, puedan servir para ayudar a otros jugadores que aún están sufriendo.

Comencemos con Pedro:

Decidí pedir ayuda porque me di cuenta de que no podía solo. Con tan solo 26 años, ya me quería morir. Tenía la sensación de que estaba tirando mi vida por la borda.

A pesar de tener un puesto bien remunerado, tenía unos problemas económicos que no me dejaban dormir. Cada mes era la misma historia. El tercer día del mes, ya no tenía un centavo. Durante todo el resto del mes, tenía que pedir dinero prestado para ir al trabajo, para almorzar, y para cubrir los gastos personales más insignificantes.

Había una chica, Margarita, en la oficina que me gustaba mucho y a quien yo creía gustarle también. Jamás pude invitarla a tomarse ni un tinto. Un día me invitaron a bailar y no pude ir, porque no tenía ni siquiera para la buseta. Al día siguiente, Margarita llegó agarrada de la mano de Enrique, alguien a quien yo siempre he considerado como el compañero bobo.

No sabía qué me pasaba, siempre me había considerado inteligente y capaz, pero en ese momento yo era el único de la oficina que aún vivía con sus padres, y aún así no tenía nunca un centavo, ni novia, ni posibilidades de salir o divertirme de ninguna otra forma que no fuera autodestruirme.

El caso de Raúl fue un poco más extremo:

Me gustaba el Póker. Todos los viernes me reunía con un grupo de “amigos” y jugábamos. Nuestras pertenencias pasaban de mano en mano cada fin de semana. Vi a muchos perderlo todo y tener que apartarse del grupo, pero eso nunca me hizo reflexionar sobre mi vida. Pensaba yo era una especie de elegido y que mi destino era quedarme con el dinero de todos mis amigos.

¡Llegué a ganarme hasta cuatro carros y una casa en una sola noche! Pero un día se me fueron las luces. Perdí absolutamente todas mis pertenencias; las que había ganado en el juego y las que habíamos construido con el sudor de nuestra frente; con el trabajo de mi esposa y mío.

Pensé que podría volverme a levantar; que podría recuperar algo. Como no tenía nada material, aposté una noche con mi esposa. Nunca lo consulté con ella… y perdí. Esa noche se desintegró mi familia.

Actualmente mi esposa vive con sus padres. Hace diez años sucedió eso y todavía no me ha perdonado. Yo la amo perdidamente y no sé cómo pude hacérselo. Ahora no tengo nada; no he podido levantar cabeza; no tengo familia, casa o carro y mi destino es sufrir mi soledad durante el resto de mi vida porque nunca podré pagar el daño que les hice a mis hijos adorados o a mi esposa.

Sergio nos cuenta brevemente un aspecto de su problema:

¡Maldito sea el día en que conocí al juego!

Mi excusa para seguir jugando era recuperar el dinero perdido. Todos los días me levantaba renovado y con ganas de salir a ganar más dinero… pero no me iba a trabajar más o a buscar un puesto mejor remunerado. Me iba a despilfarrar lo poco que tenía o lo poco que lograba sacarle a mi familia.

¡Lo de la palabra sagrada del jugador es una vil mentira! Los jugadores temen hacer trampa en el juego, por miedo a que los saquen de ese círculo selecto. Pero al final, cuando uno está en la ruina, lo único que hace es robar e incumplir; roba a otros jugadores, miente para conseguir créditos, roba a la familia, a los amigos… y hasta a los hijos.

Me convertí en un ser sucio, deshonesto y despreciable; le pedía prestado a todo el mundo… siempre me inventaba unas tragedias terribles para conseguir dinero para jugar. Un día rompí un marranito con los ahorros de más de un año de mi hijo de siete años, jugué el dinero y lo perdí. Eso es algo que nunca me perdonaré.

Al final lo perdí todo. Todo mi dinero, el dinero que me prestaron, perdí a todos mis amigos y mi familia. Estoy comenzando y necesito unas tres vidas para pagar todo lo que debo… pero al menos no estoy jugando por el día de hoy y tengo esperanzas. Además, he conocido a personas que ya han superado problemas peores que los míos.

Antes no tenía esperanzas, futuro, ni vida. Todo era completamente negro…

Por su parte, Alejandra nos muestra el punto de vista femenino:

Yo había vivido en negación, ‘mano’, hasta que un día mi novio me dijo: -Ala Aleja, usted ha estado muy ausente. Ahora no come conmigo, no comparte conmigo… parece que fuéramos dos extraños –

¡Era cierto, ‘mano’! Vivía apostando compulsivamente en el computador. Cada vez que paraba, quería volver rápidamente para recuperar el dinero que había perdido. En dos meses copé todo el cupo de mis cuatro tarjetas de crédito y ya llevaba copadas dos de mi novio. Sabía que cada vez me estaba sumergiendo más, pero no veía otra salida. Tenía que endeudarme un poco para recuperar algo del dinero que había perdido.

Finalmente toqué fondo el día en que agoté todos nuestros recursos, ‘mano’.

Mi novio estuvo a punto de abandonarme, ‘mano’; pero gracias al dolor del dinero perdido y de casi perderlo a él, comencé la recuperación.

En este momento no entiendo por qué no me daba cuenta de que me estaba autodestruyendo con esa adicción tan hijuepuerca.

Andrea nos habla de su pareja:

Cuando llevaba ocho meses con mi novio, recibí una llamada suya diciéndome que había perdido todo “nuestro” dinero en el juego. Yo no entendí a qué se refería, hasta que me explicó que después de perder su dinero, utilizó mi tarjeta débito sin mi permiso y perdió hasta el último centavo.

Ese fue uno de los peores momentos de mi vida, no solo por el dinero, sino porque no sabía contra qué monstruo me estaba enfrentando. Hice todo lo que no debía hacer. Comencé a tratar de controlarlo y terminé convirtiéndome en su títere.

Él me prometió que no lo iba a hacer nunca más y le creí. Sin embargo, al año volvió a hacerlo y no solo acabó con sus ahorros y los míos, sino que esa vez copó mi tarjeta de crédito.

Otra vez me prometió que no lo volvería a hacer nunca más y otra vez volví a confiar en él, no sé si por ingenua, codependiente, o tonta.

Él comenzó a consignar su sueldo en mi cuenta para que yo tuviera el control total sobre el dinero. Pasó un buen tiempo sin tragedias y poco a poco habíamos vuelto a la “normalidad”. Yo fui dejándolo manejar su dinero.

De pronto un día volvió a jugar y ganó bastante dinero. Me puse furiosa, pero pensé que estábamos progresando porque no había tocado mi dinero. Pero ganar fue lo peor que le pudo haber sucedido, pues le devolvió las esperanzas de volverse rico con un golpe de suerte.

Ya han pasado cuatro años desde que comenzamos nuestra relación. Estoy cansada de tratar de distraerlo, de hacer planes para mantenerlo ocupado y contento; ya he perdido las esperanzas. Siento que esto no tiene final; que la historia va a repetirse toda la vida; que esto es un círculo de nunca acabar. Me siento muy frustrada y triste porque él es un hombre muy inteligente, pero estoy convenciéndome cada día más de que no podrá salir adelante porque esto es superior a él.

Sarah, por su parte nos cuenta su historia y nos da algunos consejos:

Llevo cuatro años con mi esposo. Hace uno cometí el error de decirle que fuéramos al casino. Yo había ido con algunos amigos antes y pensé que era una buena forma de pasar la tarde. Tuvimos suerte y nos ganamos dos millones de pesos.

No volvimos a ir durante un buen tiempo… cuando lo hicimos a los cuatro meses, me sorprendió que todo el mundo lo saludaba. El había estado asistiendo habitualmente.

Ese día hablamos seriamente; yo le advertí que era un vicio muy peligroso y lo mejor era no volver nunca más. Sin embargo, al mes siguiente vi el extracto de su tarjeta de crédito y me encontré con la sorpresa de que había gastado cuatro millones de pesos.

Ese día me enojé mucho. Le dije que era un fracasado, que nunca iba a salir adelante y que no me merecía. Le dije que no tenía autocontrol ni inteligencia. Yo sé que él es inteligente, y en ese momento no sabía en qué consistía esa problemática.

Cuando estuve más calmada me disculpé por haberlo ofendido y traté de hacerle ver que estaba cometiendo un error. Él lo aceptó y me prometió que nunca volvería a entrar a un casino.

Tres meses después se repitió la historia; cuatro millones de pesos cargados a su tarjeta de crédito. Sentí que iba a enloquecer. ¡No podía creer que la persona con quien había decidido compartir el resto de mi vida iba a ser la causante de mi ruina!

Él es un profesional competente y capaz. Siempre ha cumplido con todos los pagos y compromisos y me asegura que lo ha dejado definitivamente. Sin embargo, continuamos separados. No sé si necesitará un mes, un año o cinco años sin ir al casino para recuperarse. A las personas que padecen este vicio, les pido desde el fondo de mi alma que paren; que dejen de hacerse ese daño a sí mismos y a sus seres queridos.

Mis suegros son dos personas humildes que lograron sacar a su hijo adelante con muchos sacrificios. No sé por qué una persona educada, profesional y con valores morales se deja llevar por un vicio tan tonto y cuando es tan evidente que se está autodestruyendo.

Uno oye decir que la casa siempre gana. ¡El casino no regala nada! solo redistribuye el dinero teniendo cuidado de quedarse con una buena parte.

Si un día una persona se gana un millón de pesos, yo le recomendaría que mirara a su alrededor; verá a otras diez personas que han perdido dos millones cada uno. El casino se queda con el dinero y reparte un poco entre unos pocos incautos para engancharlos.

Ese dinero que uno se gana, se lo han quitado a otro igual a uno.

No me malinterpretes. No le veo nada de malo a probar suerte de vez en cuando. Mucha gente juega a la lotería o va a los casinos. La diferencia está en cómo juegan. No se dejan controlar por la máquina.

Un ludópata puede pasar horas, días o semanas clavado en una silla pensando que está a punto de ganar.

Una persona normal, pasa un par de horas jugando y se retira a tiempo.

A las mujeres que tienen novios ludópatas les digo: apoyen a sus novios durante un tiempo prudente, por ejemplo un año, motívenlo a buscar ayuda, regálenle un libro de superación y otro de manejo de finanzas básicas. Ayúdenlo a distraerse, vayan a cine, escuchen música, cocinen en casa platillos gourmet, vayan al gimnasio… pero si pasa un año y no ven resultados… ¡Déjenlo!

La ludopatía lleva consigo una serie de maldiciones como deudas, mentiras, pleitos, desgaste físico y emocional, angustia, ansiedad, frustración y desesperanza.

La vida es corta y no se puede desperdiciar a lado de un hombre que no valora lo que tiene; un hombre que se acostumbra a perder no tendrá problemas en perder a la mujer o a la familia. Para él será normal; lo mismo que siente al perder su dinero y su tiempo.

Espero que estos casos hayan sido ilustrativos acerca de la problemática del juego. Me gustaría extenderme mucho más, pero la idea no es dormirlos, sino darles un abrebocas sobre este tema.

Algo importante que vale la pena resaltar, es que la adicción es progresiva, irreversible y mortal. Es decir, que una persona con un comportamiento compulsivo o pensamiento obsesivo, cualquiera que éste sea, si no busca la ayuda adecuada, es muy poco probable que con el paso del tiempo vea su problemática disminuir o permanecer estática. También es muy poco probable que sus problemas disminuyan. Cada año que pasa los problemas serán peores, la laxitud de su moral irá aumentando y se irá viendo a sí mismo cometer actos que hagan daño a sí mismo o a otros, que en un pasado ni siquiera concebía.

Todo esto seguirá ocurriendo hasta que “toque fondo”. En el lenguaje de la recuperación, “tocar fondo” es llegar a un punto en el que no se puede descender más.

¿Cuál es el fondo? ¿En dónde queda el fondo? Es una opinión subjetiva. Cada quién decide cuál es su fondo. Para algunos puede ser la cárcel, para otros la pérdida de una parte de su cuerpo, para otros la vergüenza de sus propios actos.

He conocido a una persona que buscó ayuda para dejar de jugar, sin haber perdido dinero. Solamente porque al hacer cuentas del tiempo que perdió jugando cartas ocho horas a la semana durante tres años, se dio cuenta de que era más que un semestre laboral. ¡Seis meses que hubiera dedicado ocho horas diarias de lunes a viernes a hacer algo! Si hubiera dedicado ese tiempo a sacar adelante alguno de los proyectos personales, estaría mucho más cerca de sus sueños.

Por otro lado, he conocido a otras personas que han quedado en la ruina total. Han perdido todos sus bienes, su reputación, su familia y hasta la ropa que tenían puesta… y aún así han seguido jugando. He conocido a personas a quienes lo único que las ha llevado a detener su deterioro progresivo…

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Un comentario en “Varias formas de “tocar fondo” con la adicción al juego – Por Ramiro Calderón

  1. He recibido esta carta con información sobre el programa de Jugadores Anónimos, la cual me parece importante publicar:

    “Buenas
    Mi nombre es William y soy jugador compulsivo gracias a DIOS descubrí mi ayuda en J. A. jugadores anónimos vivo en Bogotá y si conoces del programa o quisieras conocer, tendremos el 4 congreso nacional los días 17-18 de junio aquí en Bogotá ademas tenemos reuniones todos los lunes, miércoles y sábados de 6:00 a 7:30 p. m. en la calle 63 Nº 80 H – 09 sur segundo piso bosa centro ( frente al parque).

    Gracias por difundir nuestra problemática”

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